Nómadas

Qué delicia
el andar a gotas, a ciegas, de mis dedos sobre tu espalda,
el descalzo acantilado que me ofrecen tus ojos abiertos,
la precisión con que encaja mi mano en la tuya
tal como encaja toda el agua en el mar.

Qué deleite
tu mirada haciéndole sombra la mía,
el eco de tu voz pulsando el arpa de mis oídos,
la erupción de nuestros sexos
y el firme galopar de caderas engarzadas.

Soy tan tuya que me perteneces,
tan mía que te pertenezco.
Nuestras sábanas se convierten en olas
y mi cuerpo
la balsa en la que flotas guardando el equilibrio.
Tú te desatas en licor fino
y yo lo recibo
como admite el cielo a las estrellas.

La eternidad se nos dio
para que anduviésemos de cuerpo en cuerpo
amándonos como prófugos,
nómadas de la cortedad de la vida.
He de hallarte en la siguiente
y el universo girará de nuevo sobre el eje de nuestras manos.
Tu beso será por siempre y para siempre
el salmo húmedo que mi alma rece cada noche.

M.D.

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