Cielo

​Mi amor y yo estamos excomulgados. Eso le duele.
¿Cómo le explico que no hay mejor confesionario que nuestra alcoba, y que hay más verdad que pecado en el génesis que cometemos día a día?
¿Cómo decirle que me vuelvo arcángel bajo la tibieza de su tacto de paraíso?
Para mí, ya no hay más cielo que el de su mirada.

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