Feliz

“Te ves feliz”
pasó de ser un agravio al mejor de los halagos.
Atrás quedaron las arañas del crepúsculo,
las máscaras de nube,
las inviolables normas del decoro.
Perdí ya muchas horas
sacudiendo el polvo que satinaba los recuerdos
negándome el derecho de ser y de estar.

“Pareces feliz”, sí lo parezco y quizá lo sea
porque le dije adiós
al carcomer de la inseguridad como una rata persistente,
al traje de pompa y cordura que ya no me queda.
Prefiero en todo caso
ir desnuda como una loba, o como una flor.
Y no he de enredarme en la bandera de la alegría
para arrojarme al precipicio.
No.
Elijo ser feliz
en esta calma chicha,
en este mirarme al espejo con la lámpara encendida.

Ya no quiero ser sol, ni la estrella ni el paraíso,
no pretendo ser la orquesta sino la nota sostenida
o ese torbellino de luz descalza.
Moriré siendo polvo, mas polvo muy mío,
soberana total de una partícula en el tiempo: mi existencia.
Y en mi primer día de reinado
me doy un mandamiento nuevo «se feliz»

 
M.D.

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