No me dejes en invierno

No me dejes en invierno
cuando la nieve cubra mis pies
porque el aire frío cortará mi respiración
y no podré adherir mi cara triste como una imagen
en el lago congelado.

Déjame mejor en el verano
para que pueda columpiar mi agonía
y escurrirla hasta secarse
bajo la pulcritud de un cielo benévolo.

No me dejes de amar en invierno
porque la humedad torturará mis huesos
y ese templo de mis ojos
se desmoronará en gotas cálidas
que agrietarán mis mejillas solas.

Deja de quererme en el verano
para que tu adiós huela por siempre a los naranjos
y me pueda tender sobre tu campo de margaritas
a responder sus preguntas,
cuando el aire sea tan tibio
que mi piel no tenga que echarte de menos.

No me dejes en el invierno de nuestras vidas
porque no habrá nuevas primaveras
que vengan a consolarme.
No me dejes.
No me dejes vivo
hazle una fisura a tu ataúd por donde yo pueda pasar
o átame a una columna de sol
o a un ave que vuela…
O no, mejor no,
no me dejes nunca.

 

M.D.

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