Sabor a muerte

Ayer salí a dar mi acostumbrada caminata matutina y por andar distraída con las canciones que escuchaba pasé por encima de un conejo muerto. Las moscas que lo cubrían se levantaron y una de ellas voló hasta rozarme los labios. Sentí tanto asco, como si la muerte me hubiera dado un beso.
Por eso a nadie le gustan los muertos, por eso los sepultamos de inmediato, porque a ninguno nos agrada la muerte ni sus gusanos, ni sus moscas, ni su sabor.

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2 comentarios sobre “Sabor a muerte

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