Solo te queda bailar

A veces quisieras reventar
y decirles que tu alma de acero inoxidable
se volvió de goma, que aprendiste la lección,
que es sano vestirse con los anteojos del tiempo
y la distancia para clarificar las cosas.
Cuánto te hubiese gustado
haberte roto en mil pedazos, muñeca,
para poder ser de todos pero te quebraste en uno nomás
y ya solo eres de ti.
Quédate en paz, arrima tus penas a un rincón,
porque ¿a quién le interesan
si los otros van tras la flor, el hueso o el pan,
si todos andan zurciendo su traje y sus culpas?
Es tu hora de rasgar las hilazas y los trapos,
de desnudarte de veras,
de hacer rodar tu cara de porcelana
y escribir la historia más delirante: la tuya.
Es hora también, de que te absuelvas,
que la vida no es una partitura ni un guion,
es la naranja que abandona al árbol y lo deja oliendo a azahares.
Oye la música, muñeca, que a ti
solo te queda bailar.

 

M.D.

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9 comentarios sobre “Solo te queda bailar

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