Las formas odiosas

Cuando la garganta calla el hueso truena.
La tristeza -como un corazón alterno-
bombea pensamientos mórbidos
que socavan instantes e instintos.

Cuando la voz se prensa, el cuerpo cascabelea
con una tos que escupe gases de cerrazón
y la soledad se convierte en una copa de hiel y hormigas,
en la sal que nos produce agruras.
El sufrimiento huele a tabaco madrugado,
a septiembre adolorido,
a rosas veteranas que perfuman los ojos.
Las penas se vuelven
un trémulo columpio recién abandonado por un niño.

El dolor tiene un curvo perfil cuando lagrimea
y uno recto cuando remonta las calles.
Es un camaleón que toma mil formas odiosas.

 

 

M.D.

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3 comentarios sobre “Las formas odiosas

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