Mercancía dañada

Somos como mercancía dañada
de esa que burla la puerta del bazar
y vencida la garantía, se rompe.
¿Qué hacer con estas vísceras afligidas?
A nuestras sonrisas se les escapa el aserrín de la tela
y no hay artesano que time al tiempo ni haga prodigios.

Quisieras que el sol nos estrujara más seguido
y yo, que lo veas salir cuando unimos las manos.
El amor nos espolea, nos aprieta
y no deja aire para libertades ni egoísmos.

Somos mercancía de segunda, adolorida,
que levanta sospechas de tan barata,
pero guardo la capacidad de amarte,
de vivir por ti, de hacerte rabiar y afligirte,
de escalar tu torso para pintar mapamundis.

Yo respiro y tú exhalas.
Yo me amargo y tú sonríes.
Ven a poner tu pecho en mi corazón
que pondré mis dedos en tus yemas.
Lloremos de cicatriz a cicatriz, con el alma tullida,
reposa mi cero en tu nada hasta que se vuelvan uno.
Bailemos, sigamos la ronda porque todos nos miran.
Hagamos que el «te-lo-dije» les gangrene la garganta.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

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13 comentarios sobre “Mercancía dañada

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