Estaciones

Ya no mido mi vida en horas, ni en años; la divido en pequeñas estaciones, inviernos y primaveras que se suceden unos a los otros. Hay épocas en que me amo, hago ejercicio, como bien y río; busco lápiz y papel, y me derramo en palabras y versos. En esas primaveras yo me quiero, y todo es inspirador como la nube desaguando nieve sobre el pico de los montes o la caída amarilla de las hojas de los álamos. Me amo y todo sale bien, mi existencia es llevadera. Luego llegan los tortuosos inviernos, esos en que no me quiero, en que lloro como un sauce y mi corazón canta notas bajas, melodías desesperadas.

Es difícil esconder mis inviernos de ti que tienes licencia para auscultar las cuencas de mis ojos, pero hoy amanecí en primavera; me lo han dicho el agua tibia y el cepillo con que amansé mis rizos. Las calles se ven hermosas; quisiera ser pintor y no escribano, para plasmar los ecos del otoño. Cuando las palabras no alcanzan, sobran, y a veces hasta deben arrearse, hacerse desfilar como a un rebaño y forzarlas a pasar por nuestros acantilados; llevarlas a buen fin sin perder una. Hoy que estoy de primavera, gozo y te doy mi rebaño, así sea por unas horas o por una eternidad.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

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