Las maravillas del diablo

Me estiro el dedo cordial, el de la mano izquierda; leí que cuando se tira de él se libra al corazón de sus presiones. Lo jalo con fuerza y ganas de sacarme el corazón por su vía, dejarme el pecho vacante, muerto de una buena vez. Me dejé engañar por las maravillas que el diablo sopló en mi oído, le entregué mi inocencia a un mercenario ¿a cambio de qué? de nada. Ya lo entiendo, soy tornillo que forma parte del eje, que pertenece al engrane, que apoya la «maquinaria», esa a la que estamos todos sujetos. Cómo quisiera dejar de sentir, ser árbol que no retoña, piedra del mar más helado, ser corriente de un río que no avanza, y se abraza a las orillas; nacer a una alborada de templanza, decir ”adiós, corazón, te veré en un recodo del infierno”.

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8 comentarios sobre “Las maravillas del diablo

  1. A cada edad debe corresponder un sentimiento y a todas debe servir la experiencia. Creo que vivir es perder, porqué la vida no sirve más que para ser desperdiciada alegremente y es bonito hacerlo entre dos. Pues será con otro que estará por venir. Digo yo. Un beso.

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