Cementerio

Se acercó al sepulcro de su esposo con un ramo de doce geranios en la mano; no era un día de mucha actividad en el cementerio, pero sí el del aniversario de su fallecimiento. Entretanto hacía un esfuerzo para recordar alguna oración, un niño pequeño puso la mano sobre su hombro y le preguntó “¿por qué lloras?”. La sorpresa la estremeció. Las almas suicidas vagan por el mundo arrastrando su pena, eso dicen los abuelos. “Extraño a mi esposo”, respondió casi entre dientes. El grito de la madre interrumpió el silencio y el niño corrió hacia ella. “¿Y tú, con quién hablabas?”, indagó preocupada. “Con una mujer que extraña a su esposo”, aseguró el menor, pero al girar la cabeza y extender la vista la madre vio nada, ni siquiera una sombra.

También, según el dicho de los abuelos, las almas puras pueden ver a los muertos.

 

Alejandra Meza Fourzán ©   

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