Hotel

Se citaron a las nueve, mismo cuarto, mismo hotel. Puesto que el hombre tardaba en llegar, la mujer se puso a fumar aunque estaba prohibido. Era un amor sin mañana ─de manera literal─, un amor de tardes, noches y madrugadas, sin auroras ni amaneceres. A las once, un mozo llamó a la puerta para entregarle un recado. Se trataba de un adiós empapelado escrito con el puño y la letra del gerente del hotel. Lloró, fumó de nuevo, suspiró. Luego se hizo de valor y devolvió el mensaje también por escrito, con tinta de su sangre y deletreado sobre las sábanas blanquecinas. Por vez primera ese amor vería la luz de la aurora, aunque también sería la última.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

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4 comentarios sobre “Hotel

  1. Ay que triste Alejandra: Tengo que curarme.
    Sin tí como nave que perdió el ancla,
    despliego las velas y parto en una barca
    hacia un destino que ignoras,
    contemplas como se aleja
    mientras lloras. Un beso
    P.S. ¡¡Ojala hayas tambièn perdido el pañuelo y alcancen tus mocos hasta el suelo!!

    Le gusta a 1 persona

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